Publicado en la página editorial del Diario La Industria, el 12 de Diciembre del 2002
¿QUIÉN EVALUA A MI PROFESOR?
Hemos llegado a Diciembre y el año escolar está por culminar, Durante todo este año, se ha desarrollado la relación profesor – alumno, el cual me hizo reflexionar y reconocer al profesor como alguien que sabe más o tiene mayor experiencia de aquello que enseña. Pero esto no avala al profesor a tener una actitud autoritaria y presumida, sino al contrario, a asumir un compromiso pedagógico, compromiso de disponer, orientar y facilitar al máximo la participación y el uso de la razón y la creatividad en el alumno, para la apropiación creativa de ese mayor saber de que dispone el profesor responsable y líder del proceso intencional llamado enseñanza. Líder no sólo por sus conocimientos sino por su dedicación y comprensión pedagógica de lo que el alumno realiza para el logro de su aprendizaje.
Sea arte o sea ciencia, el profesor dispone, hoy por hoy, de conceptos, métodos, estrategias y procedimientos pedagógicos que podrían ayudarle a elevar la calidad de su trabajo docente traducido en el proceso de enseñanza aprendizaje.
Los conceptos de enseñanza y aprendizaje, son harto conocidos como dos procesos correlativos, inseparables el uno del otro, relacionados como causa - efecto, tanto así que ahora se habla de un solo proceso llamado proceso de enseñanza aprendizaje, aunque se sabe que muchos aprendizajes, quizás los mas importantes, se obtienen de la vida sin que haya mediado ninguna enseñanza por parte del profesor.
Al respecto el maestro Dewey dice: Se puede comparar la enseñanza con la venta de mercancía. Nadie puede vender si no hay nadie que compre. Nos burlaríamos de un comerciante que dijera haber vendido bienes, a pesar de que dijera que nadie le ha comprado ninguno. Sin embargo, hay maestros que piensan haber enseñado bien con independencia de que sus alumnos hayan o no aprendido. Entre enseñar y aprender existe exactamente la misma relación que entre vender y comprar. La única manera de aumentar el nivel de aprendizaje de los alumnos es incrementar la cantidad de la enseñanza real.
Ante todo esto se puede afirmar que no hay que evaluar solo el aprendizaje de los alumnos, también es imprescindible evaluar la enseñanza como proceso que suscita y genera aprendizaje. Si decimos que el aprendizaje es un cambio promovido por la enseñanza, es necesario valorar y apreciar ese cambio desde la causa que lo generó; el Proyecto curricular del Centro Educativo; la programación curricular anual del profesor; programación de unidades didácticas; programación de actividades de aprendizaje; sesiones de aprendizaje, todo esto diversificado y contextualizado a la realidad de nuestros alumnos, las estrategias metodológicas empleadas, la perspectiva y orientación pedagógica, en fin, la evaluación total de la enseñanza requiere de una valoración del currículo, de la enseñanza y del mismo maestro. Por eso muchos de mis alumnos se preguntaran ¿Quién evalúa a mi profesor?, ¿Cuánto de nota saco?, ¿Aprobó el año?
Si se observa lo que la mayoría de profesores realizan en sus clases y se compara con lo que proponen el Ministerio de Educación y todas las corrientes psicopedagógicas obtendríamos algunas de las respuestas a las preguntas hechas por nuestros alumnos. Dilucidar el interrogante de cómo saber si lo que se hace en el aula es valido o no para el progreso de nuestros alumnos es complejo, por eso es imprescindible de que el docente tenga un horizonte preciso acerca de lo que significa el desarrollo y el progreso individual y social de nuestros alumnos. Esto enmarca nuestro trabajo educativo, le da sentido a nuestro trabajo, y nos sugiere criterios de autoevaluación pedagógica.
Y por último, quiero terminar con este aforismo. “Dime como piensan tus alumnos y te diré que tan buen profesor eres.
Prof. JAVIER RICARDO ANHUAMÁN AZABACHE
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